COMENTARIO DE TEXTO
Bien, con un poco de retraso, os vuelco en vuestro blog los textos propuestos. La actividad consiste en hacer un comentario del mismo conforme al modelo propuesto al inicio de curso:
2) Ideas principales del mismo.
3) Relación del texto con el pensamiento del autor.
4) Corriente histórica del pensamiento a la que pertenece.
5) Influencias recibidas y posibles repercusiones.
6) Relación del texto con la actualidad.
7) Bibliografía y recursos utilizados.
También podéis hacerlo de forma personal. Incluso, si el texto es os resulta demasiado extenso, cabe la posibilidad de seleccionar aquel (o aquellos) fragmentos más significativos del mismo y comentarlo. Eso sí siempre ha de recoger lo más significativo y representativo del tema tratado por el autor.
La idea es que para el día 30 lo tengáis elaborado y me lo entreguéis en la hora prevista de examen, en formato Word.
Junto al texto traeréis resuelta la caza de tesoro de un compañero/a, que podéis encontrar en su blog. En todo caso, si hay algún problema solicitársela a él/ella. Este trabajo ha de presentarse manuscrito, de vuestro puño y letra.
El reparto es el siguiente:
INGA: Caza de tesoro de Unamuno (Raquel).
CRISTINA: Caza de tesoro de Krause (Luís).
RAQUEL: Caza de tesoro de Zubiri (Inga).
LUÍS: Caza de tesoro de Ortega (Cristina).
No me importa que colaboréis entre vosotros, pero al final darle vuestro toque personal.
JULIAN SANZ DEL RIO
El racionalismo armónico no lleva al sensualismo; esto es, a la negación de todo lo que excede o supera al sentido; ni al materialismo, como la negación del espíritu; ni al idealismo, como negación del mundo exterior; ni al fatalismo, como negación de la libertad; ni al ateísmo, como negación de Dios. El racionalismo armónico no es exclusivo, ni negativo, ni opositivo; sino que primeramente es uno, y bajo la unidad es interiormente relativo; reconoce todos los principios constitutivos del hombre y del mundo; la razón y los sentidos; las leyes y los hechos; el espíritu y la materia; el mundo espiritual y el mundo natural; lo infinito y lo finito. Su fin y su obra es reconocer inductivamente los principios, las leyes, lo infinito, y supremamente el infinito absoluto sobre lo finito; deducir sintética y metódicamente las verdades contenidas en los principios, y ordenarlas en un cuerpo de doctrina, apoyado en nuestra conciencia como punto de partida, y fundado supremamente en Dios, como el fundamento de toda realidad y el principio y ley de toda verdad conocida por el hombre. En este procedimiento y ley es científica y es demostrativa la filosofía; y en cuanto reconoce toda verdad deductivamente en un principio y verdad suprema, es sistemática y orgánica; esto es, reconoce cada verdad distinta de todas sin aislarla; distingue sin separar y refine sin confundir. El reconocimiento de Dios como el objeto de la suprema inducción racional del espíritu y el principio de todas las deducciones de una ciencia verdadera, no es el deísmo que concibe a Dios como un género y abstracción fuera del mundo, separado del mundo e incomprensible para el hombre; no es el panteísmo que confunde a Dios con el mundo, concibiendo un Dios-mundo o un mundo-Dios. El racionalismo armónico conoce a Dios como el absoluto, infinito y el ser supremo sobre el mundo; distinto como el Ser supremo del mundo que es el inferior bajo Dios, por Dios, mediante Dios. De consiguiente, Dios conoce el mundo, gobierna el mundo, guía el mundo al bien con justicia, con sabiduría, con amor, con arte divino: In Deo sumus, vivimus et movemur. Ex ipso et per ipsum et in ipso sunt omnia.
El racionalismo armónico profesa en religión y aspira a realizar, la unión viva de la humanidad y del hombre en ella con Dios como ser supremo. La religión es, pues, una relación y aspiración (en corazón, en inteligencia y en obras) fundamental y permanente de toda nuestra naturaleza finita, y señaladamente del espíritu hacia Dios, y debe ser manifestada permanente en toda la humanidad y en cada sociedad humana y por cada hombre, como hombre, en forma de culto y de fin práctico de toda la vida; para que toda nuestra actividad finita reciba en sí, según su capacidad y mérito gradual, el pensamiento y sentimiento de Dios, las inspiraciones y beneficios de Dios, y en esta aspiración y obra gradual se asemeje cada vez más a Dios y estreche con Dios en vida histórica su alianza eterna. La religión, como relación íntima, personal, e históricamente manifestarse entre el hombre y Dios, radica principalmente en la conciencia, y puede y debe ser libre, y perfectible como toda la naturaleza del espíritu; no obligada, ni violentada, ni impuesta por estatutos históricos; debe poder manifestarse como toda la naturaleza racional, en unidad de esencia y variedad de formas; debe, en su manifestación histórica (como profesión de fe religiosa), poder ser examinada, rectificada, mejorada; pero es siempre respetable cuando es sincera, seria y verdadera en el hombre, pues que la religión expresa las más íntimas, las más profundas y trascendentales relaciones de que nuestra naturaleza racional es capaz; y a esta relación y asunto debe, pues, aplicar el hombre el más serio y vivo interés, la atención más diligente y constante por toda su vida, para confirmarse en su profesión religiosa, y mejorarla y progresar en ella, o para rectificarla y reformarla, viviendo en consecuencia con ella.
Fuente: Julián Sanz del Río. “Racionalismo armónico. Definiciones y principios” [1860]. Francisco de Paula Canalejas, Estudios críticos de filosofía, política y literatura. Madrid: Carlos Bailly-Bailliere, 1872. Pp. 150-164.


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